lunes, 3 de mayo de 2010

Tengo algo dentro (poema)

Tengo algo dentro
acostumbrado ya al dolor,
su enfermedad es la tristeza
y su alimento es el amor.
Tengo algo dentro, en mi pecho
que vive de emociones y cuentos
y a ese algo, en su momento,
lo trataron cual objeto.
Con ello siento,
con ello hablo,
con ello escribo
y con ello, a veces, me siento vivo.
Los pensamientos se enredan como hiedras
y en cuestiones de amor malmeten,
por eso lo prefiero antes que la razón,
unas personas lo llaman piedra,
otras lo llamaron y llaman juguete,
pero yo, personalmente, prefiero llamarlo corazón.

lunes, 22 de marzo de 2010

Para un ángel...

(Ya sé que la metrica es demasiado irregular, pero espero que os guste...)

Pasar un día sin tí es un milenio
pensando en tí cada segundo
y sólo poder abrazarte en sueños.
No poder decirte nada
y vivir todo un día con pena
mientras tú eres el flujo de sangre
que corre por mis venas
y me llena de recuerdos tuyos
todos ellos son buenísimos
y pueden alegrarme, pero muchos
son angustias por no tenerlos
como el brillo de tus ojos
o el negro de tu pelo
y me da rabia no poder verlos.
Los momentos que pasé a tu lado
los pasé con un profundo éxtasis en su tiempo
pero ahora tienen efectos secundarios y recordarlos
hace que experimente un mal momento.
"Droga" es tu definición perfecta
una vez que la pruebas
quieres más y más hasta que revientas
todo eso desde el buen sentido
no hay nada mejor para la salud
si las personas fuesen drogas
la más dulce serías tú
y me hartaría de tí
a pesar de ser diabético
y estoy perdiendo la razón por tí
como un lunático
con vértigo a perderte
y con necesidad de cuidarte
me entran ganas de abrazarte
y no soltarte al verte
y con la esperanza de que un día
esto vaya de mi boca hasta tu oído
yo lo escribo y pienso
que no todo lo tengo perdido.

miércoles, 27 de enero de 2010

Relato contra la homofobia.

Hola a todos. He escrito esto para que veais lo que ocurre con este tema de la homofobia. Os lo podeis tomar como ficción, pero esto ha pasado realmente aunque no precisamente de esta manera.

Desde los cuatro años recuerdo perfectamente los días que pasaba en el colegio. Me juntaba con todas las personas de todas las clases porque quería ser amigo suyo. Me caían bien todos los chicos y chicas de mi edad.

A medida que iba creciendo conocía gente nueva con quien jugar en los recreos, especialmente chicos.

Cuando llegué a segundo de primaria conocí a un chico que me cayó también muy bien, pero me cayó mejor que los demás. Empecé a hablar con él y nos hicimos muy buenos amigos.

Poco a poco me empecé a ir sólo con él en los recreos, bueno, con él y con sus otros amigos.

Cuando cumplí los diez años ya empezamos a salir juntos a la calle y hablábamos de nuestras cosas. Él me contaba que le gustaba una chica de clase y no paraba de hablar de ella. Yo sólamente escuchaba, no decía nada, pero sabía que tenía celos de ella.

A los once años me dí cuenta me dí definitivamente cuenta de que era homosexual porque las chicas no me atraian como los chicos y me atraian mucho más ellos, pero no se lo dije a nadie.

Llegamos a primero de la E.S.O. y todavía no le había contado a nadie que era homosexual, ni siquiera a mi mejor amigo.

Llegó el día en que él le pidió salir a la chica que le gustaba y ella dijo que sí. Me lo contó muy contento y me dio un abrazo. Me dieron ganas de no soltarle en ese momento.

Cada día tenía más celos de esa chica y me entraban ganas de golpearla hasta que cayera al suelo. Me arrebató al chico que me gustaba. Me había enamorado de él.

Pasaban los meses y con los meses pasaron cuatro años. En cuarto de la E.S.O. todavía seguían juntos y yo seguía destrozado aunque no lo demostrara, pero llegó un día de a mediados del primer trimestre de cuarto en el que cortaron. Me lo contó ése mismo día por la tarde cuando estabamos en la calle. Me explicó el porqué, pero no quise enterarme, estaba muy contento.

Llegada la noche nos sentamos en un banco y decidí que había llegado el momento de decirle mi orientación sexual y no esperé más.

- Escucha... Te... te tengo que decir algo...- me puse nervioso.

- Si, dime.- todavía más nervioso. no me salían las palabras.

- Soy... Soy...- me trabé.

- ¿Qué te pasa?- se acercó a mí y me pasó la mano por encima del hombro. No aguanté más tiempo. Le dí un beso en la boca y seguidamente me apartó de un empujón.- ¿Qué coño haces?- me dijo muy molestado y se marchó de allí hecho una fiera. Yo me eché a llorar y volví a casa todavía llorando.

Me desperté a la mañana siguiente y pensaba que me iba a pedir perdón por cómo se comportó, estaba totalmente seguro de ello. Llegué a clase y le ví hablando con sus amigos y riendose con ellos. Me acerqué a él y le toqué el hombro.

- Hola.- le dije con una sonrisa. Me miró y se ve que no se alegró mucho de verme.

- No me toques maricón. Largo de aquí, no te quiero a mi lado.- esas palabras me partieron el corazón.

- ¿Qué te pasa?

- ¿A mí? ¿Qué te pasa a tí? Que callado lo tenías ¿eh? Fuera de aquí. No te quiero ver.- empecé a llorar.

- Perdoname por favor. No pretendía...

- ¡Fuera!- me interrumpió y me dio un empujón tirandome al suelo. Toda la clase empezó a reirse de mí por estar llorando en el suelo. Me levanté y salí corriendo de clase sin importarme que me perdiera instituto. Me senté en un banco de la calle y empecé a llorar como loco. Me sentía muy mal por todo lo ocurrido. No paraba de pensar en cómo reaccionó él al llegar yo a clase. Pensaba que iba a aceptarme tal y como era, que lo hablaríamos y nos perdonaríamos mutuamente, él a mi por besarle y yo a él por reaccionar así. No me esperaba esa reacción de él. Había soñado tantas veces con él que lo había convertido en parte de mi vida y se día mi vida se rompió en pedazos.

Estuve toda la mañana llorando en aquel banco hasta que llegó la hora de salir del instituto. Volví hacia la puerta porque mi casa estaba por allí y casualmente me encontré con los de mi clase que cuando me vieron empezaron a reirse de mí y a llamarme maricón. Entre aquel corrillo también estaba él y era el que más se reía y me insultaba. Me tapé la cara para que no me vieran llorar y empezaron a insultarme a gritos. Corrí para alejarme de ellos y los dejé atrás.

Llegué a casa y me encerré en mi habitación, ni siquiera comí, estaba destrozado y humillado.

Llegada la tarde mis padres fueron a trabajar y yo pensé sin parar de llorar que si lo que había vivido ese día era el futuro que me esperaba en mi vida, era mejor no vivirla. Preparé un nota explicando todo lo que pasó y fuí a la cocina a por un cuchillo, me arremangué la manga de la camiseta y puse la hoja del cuchillo en mi antebrazo. Me atravesé el brazo con la hoja y emití un gemido de dolor. La sangre salía de la herida a borbotones y mientras me desangraba recordé todos los momentos que pasé a lo largo de mi vida, pero sobre todo no me podía quitar de la cabeza lo que sucedió ese día, mi vida se destrozó simplemente por mostrarme tal y como era. Caí al suelo de rodillas y luego caí tumbado. Me empecé a "dormir" y ya no sentía nada, solo frío. Una lágrima cayó de mi ojo al suelo y ahí acabó todo. Acabé muriendo de una manera de la que no me imaginaba que moriría: llorando por mostrarme como lo que era, un homosexual.